| Aunque prevalezcan, en cierta profundidad, la idea y la sensación de que oriente y occidente se ven más cercanas que nunca, la identidad es ya frontera en sí misma, claro está, si la razón de las líneas divisorias no es el arte, en tanto que el arte llega por su propia vía inextinguible a la más lejana fotografía del cosmos. Y es que Javier Manrique ha trasladado sus fotografías hasta el bronce, como su obra gráfica de norte a sur. Así, sus dos idiomas constituyen la referencia de una conciencia americana con la que adopta las posibilidades del exilio, del claroscuro en las ciudades, del objeto en el espacio, del salto entre puentes, trenes, aviones y mensajes electromagnéticos que cruzan continentes.
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