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La importancia de determinadas reglas de comportamiento en las relaciones entre los hombres es, en
Felipe, la premisa estética que permite actividades creadoras de lo absoluto cuando el mundo es un poema, por ejemplo, un modo para el canto. El formalismo como sistema irrevocable del color en su pintura, y así mismo como embalaje de dimensiones prácticas, reflejan esa belleza lograda, como en el trazo agudo de su grabado, una tremenda claridad que beneficia la imagen, el mapa, el ex libris. Su labor, que implica la docencia, ofrece una visión calificada de ese largo proceso manual de comerciar libremente la propia obra, la necesidad de situar el arte en su lugar, el arte en el mercado. Una visión que puntualiza la estética plural en el individuo.
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